Fagobia: El miedo a atragantarse


En la primera infancia, coincidiendo con la introducción progresiva de alimentos en los más pequeños, es habitual que se produzca un rechazo a algunos de ellos o que éste sea generalizado a la gran mayoría. El miedo a atragantarse y/o ahogarse se conoce con el nombre de fagofobia.


1. ¿Cuál es el primer paso?


Es importante descartar una causa médica como la disfagia (dolor al tragar) y consultar con un pediatra de confianza.


2. ¿Y qué hacemos después?


Si consultamos a un psicólogo infantojuvenil éste evaluará y planteará unas hipótesis de origen y mantenimiento del problema y dotará a la familia de estrategias y herramientas para gestionar la situación.


Por ejemplo, es importante chequear si el niño/a ha sufrido un atragantamiento previo o ha presenciado el de otra persona, si ha experimentado una faringitis dolorosa, si existe miedo a vomitar, si la hora de la comida se asocia a un momento de aversión y castigo o si está atravesando dificultades a nivel emocional y/o cambios en su entorno que favorecen esa respuesta de ansiedad.


3. Pautas generales de tratamiento


Aunque es necesario evaluar cada caso en concreto y desarrollar un plan de tratamiento personalizado, éste estará dirigido tanto a los progenitores como al niño/a y se realizará de forma paulatina.


Será relevante trabajar esa ansiedad que se desencadena ante la ingesta de comida, la rutina y funcionamiento familiar, hacer al niño partícipe en la elaboración de platos nuevos y presentar estos de forma atractiva, la exposición progresiva a alimentos determinados (en formato líquido, más espeso, con trocitos y finalmente sólidos de textura suave), mientras se trabaja de forma transversal la psicoeducación del problema.